TURISMO CULTURAL: UN FENÓMENO CRECIENTE

Por Eva García Vilajoana

Hasta principios del siglo XX el turismo era una actividad reservada a la clase aristocrática que reunía dos de los requisitos esenciales para su uso y disfrute: tiempo libre y poder adquisitivo. En la sociedad postindustrial, tras el triunfo de los derechos a favor del trabajador, este fenómeno logra llegar a una gran parte de la población. La cultura hedonista de la sociedad europea acelera y culmina el proceso turístico en la sociedad contemporánea.

El turismo cultural, debido a la controversia ante la definición etimológica de cultura, resulta también difícil de consensuar su definición. En el año 2005 Rodolfo Vázquez Casielles, catedrático de la Universidad de Oviedo, en su libro “Recursos culturales y diseño del producto y la oferta de turismo cultural: importancia de las actividades de Marketing” define el turismo cultural como el desplazamiento que realiza un sujeto con la intención de “[…] conocer y comprender sus costumbres, tradiciones, entorno físico, ideas culturales y lugares históricos, arqueológicos, arquitectónicos o de otra significación cultural”.

El patrimonio es un recurso que favorece la cohesión social y la identidad, forma parte de la herencia colectiva que explica y refuerza el pasado común de una sociedad. En un mundo cada vez más heterogéneo por la aparición de las nuevas tecnologías y de nuevas formas de comunicación, donde se imponen modas y patrones de una cultura de masas, la diversidad cultural es cada vez más vulnerable ante estos nuevos retos que amenazan con la desaparición de comunidades. El turismo debe ser sostenible para no condenar a las generaciones futuras a no disfrutar de ese patrimonio heredado.

Para las regiones receptoras el turismo cultural es una generosa fuente de ingresos. Una mala planificación turística de una zona o región puede comportar que el lugar pierda el interés inicial debido a la sobreexplotación que implica una serie de efectos negativos en la satisfacción del visitante, en la de las sociedades receptoras o en el ecosistema. Incluso cabe la posibilidad de perder o cambiar radicalmente su idiosincrasia para contentar y satisfacer la demanda del turista, iniciándose un proceso de pérdida de identidad.

Es necesario estudiar varios aspectos: el sistema ecológico (comprobar que sea sostenible), que haya suficientes infraestructuras (alojamiento, suministro de agua, accesos etc…), que la administración pública esté implicada y legisle a favor de un turismo sostenible y que la experiencia de los visitantes y la experiencia de los residentes sean satisfactorias.

El turismo cultural es una alternativa para los pueblos que no tienen recursos suficientes para desarrollar otras actividades. Si hay una buena actitud y una real voluntad por parte de todos los implicados en su desarrollo, el éxito está garantizado. Pero muchas veces los intereses personales o colectivos pueden imponerse a la ética o la moral que lucha por un mundo más sostenible. Existen ejemplos de turismo cultural en países en vías de desarrollo que han sabido aprovechar el patrimonio existente para desarrollar la zona y beneficiar a la comunidad: el Valle Sagrado de los Incas o el programa de turismo cultural en Tanzania.

Los museos forman parte de este circuito del turismo cultural ya que custodian parte del patrimonio de la sociedad. Uno de los fenómenos que se repiten en la mayoría de museos principales de la ciudad de Barcelona es que la mayoría de su público es extranjero y la cuota de público local es anecdótica. ¿A qué se debe? Probablemente cuando viajamos forma parte de nuestras “obligaciones turísticas” el asistir a esos museos de renombre. No tenemos interiorizados o socialmente no está integrado el asistir regularmente a un museo de nuestra ciudad Es uno de los grandes retos de los museos: acercarse al público local dejando de lado ese estigma elitista que se le atribuye o se le ha atribuido a lo largo de los años.

Puede que cuando estamos en una ciudad de turista apreciemos más o nos interese más el patrimonio de lo ajeno que el propio. Nos gusta lo diferente, lo novedoso, lo atractivo mientras que el propio patrimonio, aquel que forma parte de nuestra identidad, que nos define y que nos enmarca en una sociedad, no se aprecia de la misma manera. ¡Así es la condición humana de caprichosa!

Enlaces de interés:

Gencat Turisme cultural: http://www.gencat.cat/turistex_nou/minisites/clubs/cultural/index.es.html

Asociación de técnicos y gestores culturales: http://www.agetec.org/ageteca/turismo_cultural.htm

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