El caos creativo en formato expositivo!

Por Carlos Ipser.

“It is my job to create universes, as the basis of one novel after another. And I have to build them in such a way that they do not fall apart two days later. Or at least that is what my editors hope. However, I will reveal a secret to you: I like to build universes which do fall apart. I like to see them come unglued, and I like to see how the characters in the novels cope with this problem. I have a secret love of chaos. There should be more of it. Do not believe—and I am dead serious when I say this—do not assume that order and stability are always good, in a society or in a universe. The old, the ossified, must always give way to new life and the birth of new things. Before the new things can be born the old must perish. This is a dangerous realization, because it tells us that we must eventually part with much of what is familiar to us. And that hurts. But that is part of the script of life. Unless we can psychologically accommodate change, we ourselves begin to die, inwardly. What I am saying is that objects, customs, habits, and ways of life must perish so that the authentic human being can live. And it is the authentic human being who matters most, the viable, elastic organism which can bounce back, absorb, and deal with the new.”

by Philip K. Dick, 1978

Con este texto empezaba la exposición OMA/Progress en el Barbican Centre de Londres, una amplia muestra del trabajo que Rem Koolhaas y su Office for Metropolitan Architecture han realizado desde su fundación en el año 1975.

Comisariada por el colectivo belga de arquitectos/diseñadores Rotor, la exposición también se podría haber llamado “proceso” porque en realidad es eso lo que nos enseña, el proceso de concepción y realización de la arquitectura.

Tras intensos meses de trabajo, con acceso libre a los archivos, a los diferentes despachos de OMA en Europa, Norteamérica y Asia, y en contacto directo con la producción de proyectos que se traducen en una ingente cantidad de material entre la que elegir, Rotor presenta una imagen muy real y cruda del trabajo diario del despacho, una imagen que consiste principalmente en objetos encontrados y/o seleccionados en colaboración con personal del estudio, materiales cuya razón de existir son otras que la de esta exposición.

A diferencia de una clásica retrospectiva del trabajo de un despacho de arquitectos donde esperamos ver brillantes y pulcros edificios representados a través de planos, bocetos, maquetas y fotografías, lo que el visitante puede ver aquí es la evolución de proyectos a través de restos de prototipos, de fragmentos de estructuras, de ideas recicladas o descartadas, de exploraciones materiales, de maquetas de pruebas y maquetas erosionadas, de plotters con fotos de la evolución de proyectos en construcción (actualizados semanalmente), de notas personales, de faxes e incluso de documentos encontrados en papeleras que revelan la decepción, la frustración y los problemas surgidos durante el desarrollo de un proyecto; en definitiva a través de cientos de objetos y documentos que reflejan una cierta metodología y práctica conceptual que define en buena manera el frenesí de la producción intelectual y material del equipo OMA.

Impresiona mucho el carácter desenfadado e incluso poco respetuoso del montaje expositivo. Rotor (autores también del pabellón belga en la última edición de la Bienal de Venecia de arquitectura, dedicada al proceso de desgaste de materiales y superficies en el interior de los edificios públicos del país) prefirió no decidirse por un diseño expositivo determinado que habría marcado una etapa temprana de su trabajo, sino desarrollar una estrategia que les permitiera decidir qué piezas exponer hasta poco antes de la inauguración. Muros y puertas de pladur sin ningún tipo de acabado, mesas de oficinas a modo de peanas, cartelas enganchadas en el suelo y en general el uso de materiales muy económicos o pobres dan la sensación de estar en medio de una obra en construcción o en un espacio de trabajo: una clara representación de la manera de hacer de un despacho y no de su producto final.

Me ha parecido una muestra excepcional y sorprendente no solo por el sobresaliente trabajo de OMA sino por el trabajo del colectivo belga Rotor, que reflexiona sobre cómo enseñar arquitectura en un espacio que no puede albergar la propia arquitectura y que, por consiguiente, acabará ofreciendo menos de lo que promete. Una muestra de arquitectura, ¿ha de consistir en la representación de edificios acabados o en construcción, recién inaugurados o después de unos años de uso, con sol o en plena tormenta? ¿Y ha de representar una determinada producción o directamente presentarla? Preguntas interesantes que cuestionan los cánones de exposiciones clásicas de arquitectura y que permiten una lectura directa, profunda y fresca sobre la obra de un despacho de arquitectos.

Aquesta presentació amb diapositives necessita JavaScript.

Y el montaje, que en principio responde a la idea del propio proceso, también plantea otra manera de hacer y de exponer. ¿Es más importante el contenido o el continente? Y un contenido como éste, ¿en qué continente puede vivir? Me parece un ejemplo magnífico de renovación tanto por el enfoque conceptual como por su simultánea materialización.

Quant a Gestió Museística

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