Museo sin paredes

En sus comienzos, el museo era una institución encerrada en cuatro paredes. Actualmente, todas las ciudades se han convertido en museos al aire libre, “decorando”, especialmente sus rotondas, con obras de arte.

Antiguamente, las esculturas repartidas a lo largo de la ciudad constituían la conmemoración de un hecho o personaje histórico clave. Pero hoy en día, se podría decir que es un simple hecho de relevancia o inversión para la ciudad.

En muchas ocasiones, los propios ciudadanos, beneficiarios del bien, no comprenden o quedan horripilados con tal contribución al paisaje urbano.

Todas estas intervenciones, escultóricas en su mayoría, pasan a formar parte del patrimonio cultural de dicha ciudad, pero ¿Cuáles son los recursos destinados para su posterior mantenimiento, o simplemente se quedan en ese desembolso inicial? Quien gestiona todo este entramado es el Ministerio de Cultura. Las alcaldías, comunidades autónomas, universidades… deben especificar al Ministerio el proyecto, el importe del mismo, justificar la titularidad pública del monumento en cuestión, señalar el grado de protección que se le adjudicará y especificar si existe cofinanciación, bien de otras administraciones públicas o bien de un particular generoso. Tan llamativo puede resultar el fenómeno denominado “Rotondismo” que incluso desde el Departamento de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid, en el 2009, Elia Canosa Zamora y Ángela García Carballo, en el artículo Enmascarando la pobreza del paisaje urbano: rotondas y arte urbano analizan el tema.

Y ¿Cuál es la educación ciudadana respecto a este tipo de obras? Para esta pregunta podríamos poner dos ejemplos de actuación frente a este nuevo tipo de patrimonio.

Por un lado podríamos denominar el vandalismo, o una mera forma de protestar frente a algo que no gusta. Es el caso de la obra de Manolo Valdés, La Dama de Murcia, en pleno centro de la localidad, que un buen día de marzo del 2006 apareció convertida de Darth Vader.Parecida suerte corrieron los Osos de Eladio de Mora (dEmo), tanto en su exposición con motivo de la inauguración de la nueva Gran Vía logroñesa como el que permanece en una rotonda de Boadilla, grafiteados, maltratados y usados como papeleras de chicles. Pero todas estas intervenciones ¿son producidas por el descontento con la propia obra o por su procedencia? Porque con motivo de una exposición promovida por la Fundación La Caixa (2009) 16 obras de Valdés se desplegaron por varias calles de la capital murciana. Semejantes, podría decirse, a su Dama, y sin embargo estas no sufrieron daño alguno. ¿Se tiene más respeto por lo ajeno que por lo propio?

Dama de Murcia de Manolo Valdés convertida en Darth Vader. Fotos: 20 minutos.

Obra de Eladio de Mora (eDmo) en Bohadilla del Monte. Fotos: http://emsv.es/otras.html y http://tinyurl.com/3setoos

Para incentivar dicho respeto por este tipo de patrimonio, surgen iniciativas como la de la Guía de Escultura Monumental de Logroño, que pretende realzar el conocimiento y acercamiento a sus ciudadanos a través de las escuelas (6º de primaria y primeros cursos de la ESO). Editada el año pasado, se complementa con un cuaderno de campo con fichas de estudio. Según el asesor pedagógico, Juan José Pascual, con este material escolar “se busca que los chavales aprendan a ver la ciudad, cambiando su mirada a través de lo que pueden ver en las esculturas, aprendiendo a hacer una reflexión sobre el arte y logrando que sean más respetuosos con su entorno”.

Yo pienso, este tipo de obras generalmente suelen crear más opiniones en contra que a favor. Quizás si se sondeara más a menudo a la propia población sobre estas aportaciones, la satisfacción crecería. Un referente a seguir es el que atañe a la conservación y mantenimiento de la tan famosa Tour Eiffel. Cada 5 años se emplean entre 50 y 60 toneladas de pintura para evitar su corrosión. La elección de su color, (al principio era amarilla y en 2005 lucía una tonalidad parduzca) está en manos de sus visitantes que en el primer piso pueden dar su opinión.

Otro de los factores que puede influir en el descontento, es que se trata de arte contemporáneo, y este por si mismo ya crea gran controversia, este en la calle o en un museo. Para comprobar la opinión popular, existe una página Horrores Monumentales donde se pueden subir fotos de las obras “rotondiles” y exponerlas a votación para encontrar la obra más fea.

Pero también existen intentos de embellecer la ciudad. Es el caso de los jovenes artistas riojanos, Diego Marín y Cristina Sáenz, elegidos para decorar el mobiliario urbano de los parques de la capital. La temática siempre relacionada con el lugar, reflejara su preocupación por el futuro del planeta, empezando por los propios materiales utilizados, no contaminantes. En palabras de Cristina, quiere que sus intervenciones se conviertan en “un museo urbano” y ambos animan a que “el street art se pueda llevar al espacio urbano sin tener que ser ilegal”.

Armario urbano parque Semillero de Logroño

Armarios urbanos parque San Adrián de Logroño (delantera)

Partes traseras de los armarios

Paula Gutiérrez Valdemoros

Quant a Gestió Museística

Blog del Curs de Postgrau en Gestió Museística
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